Todos nuestros sentido (olfato, vista, tacto, gusto y otros), están conectados con nuestro cerebro que decodifica los mensajes de estos sentidos y nos hacen vivir imágenes y momentos, imaginar cosas nunca antes pensadas. Creo que esa es la relación que se encuentra en este escrito autobiográfico. Es decir, los sentidos hacen reales los recuerdos de sus libros: las lecturas empiezan con sonidos, los olores inician un acercamiento con el texto escrito. Puede que muchos escritos de estos libros no se recuerden de memoria, pero sí se recuerdan que existen por causa de los sentidos que los descubrieron y los exploraron.
Por otro lado, las relaciones entre la lectura la escuela y la universidad, son diversas. Cada circunstancia varía por cada persona. Lo cierto es que la escuela es un terreno incierto, y a veces, hasta infructíferon para cultivar la lectura y la escritura. La universidad también lo es. No todos los estudiantes universitarios saben leer y escribir, y espero que se me entienda por lo que acabo de decir. No por que no sepan, entonar sílabas, sino por que no se sabe analizar, relacionar ideas, sacar conclusiones y hasta sentir la lectura.
Y aunque la escuela no sea un campo fructífero en muchos casos para la lectura y la escritura, la familia (casa) y los amigos sí lo pueden llegar a ser. Eso lo demuestra la autobiografía de la cual estamos comentando.
Todo libro y escrito, todo escritor y palabras pueden tener influencia para nuestra vida. Nos pueda dar el concepto de vida que queremos elegir para concebir nuestra vida. Pero también alteran nuestros sentimientos de felicidad o depresión, seguridad o incertidumbre.
El acto de escribir no es algo fácil, en opinión de muchos, pero cuando se escribe, se ve uno en la obligación de imaginar y analizar. El texto nos lo comprueba. En coclusión los sentidos nos pueden hacer descubrir el acto de leer y escribir, no por obligación sino por pasión.
Carlos Saavedra.
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